Jueves, 16 de junio, a las 11 de la mañana… Recién acaba de finalizar la inauguración de la I Cumbre Nacional contra la Inseguridad… Apenas estamos todavía con el sabor de los discursos inaugurales y, durante el pequeño descanso para servirse un refrigerio, los periodistas buscan las primeras impresiones de los participantes…
Y para variar, desde la gobernación, se repite la famosa palabrita -show- que, pronunciada en un estilo propio y castizo, suena como “chou”… “Es un simple “chou”, afirman, esto no conducirá a nada…”. Con una notable clarividencia, antes de que se presenten las primeras propuestas, sin tener en cuenta que la Cumbre se mantendrá hasta el día siguiente, ya los clarividentes de siempre dictaminan: esto no servirá para nada…
El mismo día jueves, 16 de junio, media hora más tarde, el turno de opiniones les corresponde a las autoridades cívicas. Con una notable miopía, como si no conocieran cómo suelen desarrollarse los congresos y con un pesimismo que raya en lo enfermizo, los dirigentes autonómicos sentencian: “La Cumbre será un fracaso, se reúnen sólo para hablar”…. y luego… la frase mágica: “esto es un chou”…
Son los clarividentes de siempre… Ellos ya lo saben todo… Sin dar tiempo a que avance el encuentro, sin confiar en los planteamientos que puedan aportar los participantes, los clarividentes ya saben que vamos al fracaso… Es como una especie de hábito que han ido cultivando y que consiste en desahuciar cualquier intento de innovación o de cambio que se pretenda llevar a cabo.
Martes, 21 de junio: Feriado nacional y departamental, decretado para la misma Gobernación cruceña. Sin embargo, desde el Comité Cívico surge de nuevo la afirmación clarividente que trata de desvalorizar las culturas ancestrales y afirma que, en ese martes feriado, todos en Santa Cruz están trabajando…
Actitudes semejantes hemos vivido cuando se planteó la convocatoria para la elección de magistrados al Tribunal Constitucional. “Una inédita forma de elección en la memoria boliviana -afirma la socióloga y politóloga María Teresa Zegada- que también se convierte en única por sus características en la legislación comparada”. Sin embargo, para los clarividentes, este nuevo sistema que se va a implementar en nuestro país -con las imperfecciones que puede tener toda innovación-, en lugar de considerarlo como un paso novedoso y ejemplo para otros países vecinos, lo descalifican a priori y pregonan todo lo negativo.
Los clarividentes ven los hechos, predicen su fracaso -y pondrán los medios posibles para que así suceda- y se echan a un lado sin caer en cuenta de que la historia avanza y que, quien no se involucra en su devenir, se convierte en un mero profeta de catastrofismos…
Y así vamos avanzando en este nuestro ajetreado devenir, con propuestas -a veces contradictorias- de parte del gobierno y con reacciones preconcebidas por parte de la oposición…
Demasiados clarividentes. Demasiados opositores que sólo se oponen por oponerse. Y también, hay que reconocerlo, demasiados errores en el gobierno, por la improvisación, una veces, y falta de asesoramiento, otras.
En lugar de clarividentes y profetas de malos augurios, desearíamos que existan más constructores de ciudadanía, más personas reflexivas que transmitan conocimiento para que la población opine, puesto que somos los diez millones de habitantes los que tenemos que construir un estado plurinacional que no se fundamente tan sólo en manifestaciones folclóricas -sin negar que éstas sean buenas-, sino en los aportes de todas y todos.