sábado, 14 de mayo de 2011

LEER… PARA CREER

Sí, hay que leer la noticia enviada por las agencias ANF y ABI, en este pasado jueves santo, para creer que haya podido ser cierto... Después de años de haberse realizado el Concilio Vaticano II  -con todo lo que significó de apertura por parte de la iglesia católica y de respeto a las diferentes religiones-,  después de las diferentes conferencias llevadas a cabo por el CELAM  -Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida-,  la semana pasada nos llega la noticia de que el obispo de El Alto ¡pide al presidente del estado plurinacional que asista en semana santa a los oficios religiosos!

¿Se imaginan que el Papa, en Roma, pidiera a Berlusconi que vaya a misa?: “Señor primer ministro, por favor, me gustaría verlo en San Pedro, para la misa de jueves santo… Tal vez incluso le lavaría los pies…”. ¿Se imaginan al cardenal primado de Toledo, en España, recomendando a Rodríguez Zapatero que sea buenito y demuestre su fe a los españoles asistiendo a los oficios litúrgicos? ¿O al cardenal de París pìdiendo a Nicolás Sarkozy que se deje ver por el vía crucis o levantando el cirio pascual?

La fe es un acto tan profundo de adhesión a la palabra de Dios que no puede ser regulada por ninguna persona, tenga ésta la jerarquía que tenga… La fe se muestra, unas veces, en actos litúrgicos externos, otras en la oración privada, pero sobre todo se manifiesta en la búsqueda de la justicia y en el amor a los otros, tal y como Cristo nos amó. Si el presidente, si los ministros y quien sea, desean expresar su religiosidad participando en una ceremonia religiosa, es cuestión totalmente personal. Pero si no les sale de su corazón, hay que respetar igualmente cualquier opción religiosa… Lo contrario, las exhortaciones y recriminaciones, nos retrotraen a las épocas oscurantistas del Medioevo, a la tan triste época de la inquisición o a los gobiernos neoliberales más cercanos a nuestros tiempos, que se fijaban en las apariencias y se mostraban ante el pueblo en expresiones externas de religiosidad, llámese ésta Urcupiña, Cotoca, etc., pero sin llevar luego a la práctica la palabra del Señor.

“El ejercicio de la religión  -nos dijo el Concilio Vaticano II, en el Decreto sobre libertad religiosa-, consiste sobre todo en los actos internos voluntarios y libres, por los que el hombre se ordena directamente a Dios” y esto de tal manera que      -prosigue el Concilio- “en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella…”, (capítulo 1, 2-3).

Tal vez esté quedando en el olvido el Concilio Vaticano II, convocado por aquel “Papa bueno”, Juan XXIII, hace ahora casi cincuenta años. Pero es necesario que prosigamos dentro de la iglesia católica con el espíritu de “aggiornamento” (es decir, actualización a cada época) promovido por Juan XXIII y proseguido por las asambleas del Celam.

Y lo que cuesta también entender es el afán, de parte del ministro de informaciones, por justificar la no presencia del presidente en los actos religiosos… No creo que corresponda dar explicación alguna, puesto que  -hay que recalcarlo-   estaríamos repitiendo la imagen de antaño, cuando el “buen padrecito” amonestaba a los estudiantes que en el colegio católico no iban a misa…

Ni corresponde a los obispos llamar la atención a nadie pidiendo que asista al culto católico ni corresponde a los ciudadanos dar explicaciones sobre su forma de manifestar su fe. La libertad de los hijos de Dios está por encima de todo y el respeto al ser humano es la mejor manera de vivir el cristianismo. 

1 comentario:

  1. Interesante su forma de ver la realidad licenciado, pero, justamente eso es lo que este presidente no quiere, el seguir las costumbres de los países que, como en su prédica diaria, nos oprimieron, no es que lo defienda soy imparcial, es por ello que, me gustaría que por lo menos tenga el respeto a las demás personas que no piensan como él, respetar y ser parte de sus costumbres.

    ResponderEliminar