sábado, 14 de mayo de 2011

SALVEMOS A BOLIVIA DE LA ESCUELA…

Si algún tema es recurrente  -entre los muchos que hay-  en nuestra Bolivia es el de la educación: maestros que se movilizan, maestros que piden incrementos salariales, pero… maestros que en líneas generales no contribuyen a que superemos el bajo  nivel de calidad en la formación de los jóvenes…
¿Problema del actual gobierno? Sería demasiada ingenuidad   -por parte de quienes piensen esto-  o demasiada mala voluntad  -por parte de quienes propalen ese criterio-,  creer que debido al actual gobierno y a la llamada revolución cultural  -que no es fácil encontrarla-   estemos fracasando. Habría que traer a la memoria, por ejemplo, que en 1970, se realizó el programa más serio que se haya intentado en el país, para desterrar el analfabetismo, y que también se llevó a cabo el primer Congreso Pedagógico Nacional, al que asistieron educadores y pedagogos internacionales tales como Iván Illich, entre otros.
A raíz de aquel congreso, el entonces ministro de educación, Mariano Baptista Gumucio, publicó su libro “Salvemos a Bolivia de la escuela” y posteriormente, en 1975, “La educación como forma de suicidio nacional”. Era en tiempos de  gobiernos militares. Se denunciaba en estos escritos que el sistema educativo permanecía inmóvil, atrasado, repetitivo y memorístico. ¿Habremos cambiado mucho actualmente?
En esta última década, cuando hojeamos la prensa, encontramos afirmaciones  como que “la falta de motivación lleva al alumno a bajar su rendimiento” y se recomendaba enseñar a los niños “a estudiar y trabajar solos” (El Deber, 7 de julio de 2004). Era ésa la época de Carlos Meza, como presidente constitucional.  
Es decir, ni gobiernos militares ni civiles consiguen que salgamos del estancamiento en el que nos encontramos. Ni el Código de la Educación Boliviana, de 1955, ni la Ley de Reforma Educativa, de 1994, dan como resultado jóvenes con capacidad crítica, que en lugar de repetir de memoria piensen por sí mismos. Y el resultado más triste se produce cuando llegan a la Universidad: ¡ni el diez por ciento de los postulantes logran aprobar el examen!
Y mientras contemplamos esta triste realidad, los dirigentes del magisterio siguen convocando a paros, marchas, huelgas… 135.000 maestros urbanos y rurales exige mejoras salariales.  ¡Y además exigen que se les pague también por los días que no trabajaron!
No se puede negar que los salarios de los maestros son muy modestos y que ante la carestía de vida se requiere una mejora económica. Cierto. Pero ¿será que mejorando los sueldos  -si es que hubiera posibilidades de hacerlo-  mejoraría la enseñanza? Este es el nudo gordiano que tendríamos que tratar de deshacer...

Necesitamos maestros bien capacitados, actualizados con la tecnología moderna y, sobre todo, con una gran vocación pedagógica. Amor a la enseñanza y amor al aprendizaje.  Y aun cuando se incrementara en un 15% ó un 20% los salarios, no por ello muchos de los maestros van a adquirir como por ciencia infusa aquello que no cultivaron desde la normal. La economía es un incentivo para cualquier persona, es innegable, pero de por sí no otorga la capacidad de dialogar con los estudiantes, de re-descubrir nuestra realidad pluricultural, de inquietarnos para transformar  -no con marchas ni paros-  la situación de pobreza  -debida, en gran parte, a la falta de estudios-  en la que nos debatimos. 
Salvemos a Bolivia de la escuela, afirmó Baptista Gumucio hace cuarenta años. ¿Mantendrá actualmente la misma afirmación?  Porque ciertamente yo me adscribo a ella.

1 comentario:

  1. Un titulo paradójico para quien quiere salvar a Bolivia del analfabetizmo, pero tiene mucha coherencia. Pero tiene mucho que ver la forma de enseñar a enseñar, en las Normales se repiten los mismos pasos y por cada 10 estudiantes que entran motivadios, me parece que, solo salen tres con las mismas ganas y las pierden a los 3 a 5 años de trabajo siguiendo las "ilustres" reformas educativas.

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